Te invito a jugar

Recordar nuestra esencia es un factor clave para no perder el equilibrio.
La ansiedad y la incertidumbre están presentes. Se presagia un inminente cambio. La intuición revela sensaciones muy intensas, que cuesta traducir en palabras. Calma. No todo es lo que parece. El mundo es mágico si abrimos el corazón. Tenemos el don de ver con otros ojos. Podemos resignificar la realidad. El poder está dentro nuestro. Disfrutemos. Estamos en la escuela de la vida. Es momento de un recreo. Te invito a jugar.
El juego se basa en recordar para seguir evolucionando. Respirá con calma. Vamos a intentar ver más allá de lo aparente. Sólo tenemos que dejar de juzgar y contemplar lo que acontece. Sé que te apremian las obligaciones y te preocupa el desequilibrio que te circunda. Por eso es tan importante jugar a recordar. Nos permite permanecer centrados, aunque todo se desmorone.
Un entorno alterado y desestabilizante es el marco perfecto para poner a prueba los aprendizajes. ¿Querías que nos graduemos con honores? La escuela de la vida nos está dando una inmejorable oportunidad. Puede que a veces nos cueste asimilarlo, sin embargo todo sucede para nuestro mayor bien. Es ahora donde debe emerger la sabiduría del espíritu. Alumbrar con calma, en medio de la tempestad, otorga la maestría si lo hacemos desde el corazón.
No olvidemos que las situaciones sin aparente salida son las más aleccionadoras. Tienen la habilidad de descentrarnos, pero también de catapultarnos hacia dimensiones desconocidas. La estadía en la Tierra es, apenas, una parte del camino. El proceso de ascensión continúa. Jugar a recordar permite distendernos y evitar ser arrastrados por vibraciones densas. Lo mundano no debería atraparnos, sino impulsarnos a volar para danzar en la belleza de la luz.
Hace tiempo, en otro plano, dijiste que mi sonrisa perduraría si era capaz de no olvidar en medio del caos. Hoy recuerdo en virtud de que estás ahí, espejándome, para que sigamos creciendo en la unidad del amor. Todo esto lo sabés. Como buen amigo, te hacés el distraído para brindarme la posibilidad de que venga y te diga: “te invito a jugar”. Gracias, de todo corazón, por tu eterna compañía.
Julio Andrés Pagano
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