Ternura en la oscuridad


A pesar de que he frecuentado la muerte a diario desde hace años. me niego a vulgarizarla. En contacto con ella he vivido los momentos más intensos de mi vida. He conocido el dolor de separarme de los que amaba, la impotencia ante el avance de la enfermedad, momentos de rebeldia ante la lenta degradación física de las personas que acompañaba, momentos de agotamiento, con la intención de dejarlo todo. No puedo negar el sufrimiento y a veces el escalofrío que rodean a la muerte. He sido testigo de la soledad más atroz,he experimentado el dolor de no poder compartir enormes angustias, porque hay niveles de desesperación tan profunda que no pueden compartirse.
Pero junto con este sufrimiento tengo la sensación de haberme enriquecido. De haber conocido momentos de una densidad humana incomparable, de una profundidad que no cambiaría por nada del mundo, momentos de alegría y de dulzura, por increible que pueda paracer. Se que no soy la única que los ha vivido.
Hace unos años soñé que me encontraba en la cocina de una casa antigua, en presencia de un hombre, seguramente el dueño, que hacia fijarme en la chimenea. Había un agujero. Como parecía insistir en que mirase cogí una silla, subí a ella y miré por el interior del conducto. Qué sorpresa descubrir que por las paredes revestidas de negro hollin chorreaba algo que parecia miel. Intrigada, lo tocaba para comprobarlo: ¡era realmente miel!.
Recuerdo que, en el sueño, el descubrimiento me conmocionó profundamente y me hizo el efecto de que debia comunicarlo con urgencia.
Sabia que costaria que me creyesen y que llevaria tiempo.
Puede interpretarse ese sueño de muchas formas, pero en el momento en que lo tuve lo relacioné explicitamente con lo que descubriria dia a dia en mi estrecha relación con el sufrimiento y la muerte. Había dolor, es cierto, pero también dulzura, y a menudo una ternura infinita. Descubria que el espacio y el tiempo de la muerte son, para quienes se atreven a entrar y mirar más allá del escalofrío, una ocasión inolvidable de intimidad.

Marie Hennezel
La muerte íntima
Plaza y Janés.

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